
El concepto de modernidad en Arte es, en principio, opuesto al de clásico. Parece que un arte nuevo no debe obedecer a ninguna orden ni ser esclavo de ninguna fórmula del pasado, rompiendo con la tradición. En el arte de vanguardia y desde del Impresionismo se inicia un proceso de disolución de las concepciones plásticas renacentistas de la que participan todos los movimientos artísticos de la primera mitad del siglo XX. Es este un momento de confusión en el que se está definiendo el arte contemporáneo con toda su variedad y complejidad. La unidad que caracterizó al arte en épocas anteriores se rompe en mil pedazos que reflejan no sólo la fuerza de algunas personalidades individuales, como Van Gogh, Gauguine o Cézanne por nombrar algunos, sino también la infinidad de grupos de muy diversa significación. Pero en medio de esta multiplicidad se impone un gesto decisivo para identificar a cada artista: la de estar a favor o en contra de lo moderno.
El debate está en la aparente imposibilidad de reconciliar creación y reinterpretación. En la creencia generalizada de que para crear un método de expresión verdaderamente revolucionario, es necesario crear también un nuevo código lingüístico completamente al margen de los convencionalismos plásticos tradicionales.
Dicho debate es real y puede ejemplizarse en la distinta concepción, que al respecto tienen, los que podríamos considerar los dos pilares sobre los que se asienta la modernidad: Picasso y Dalí.
Muchas de las manifestaciones verbales y escritas de Dalí son una crítica abierta al concepto de arte moderno que surge de la posguerra. Reconoce incluso que su cruzada era en defensa de la civilización grecorromana:
Los maestros del arte moderno han luchado contra el academicismo, pero el arte moderno, en nuestra época, se encuentra en vías de crear un nuevo academicismo, tal vez peor que el anterior, ya que en éste, por lo menos, existían vestigios de técnica. Hoy casi nadie sabe dibujar ni pintar. Creo que el arte moderno es un gran desastre.
Por su parte Picasso dirá una famosa frase que lo posiciona en el punto opuesto:
Vi que todo estaba hecho. Hay que romper con todo para hacer la revolución y empezar desde cero.
Lo que los diferencia no es el resultado final sino la raíz de la que surge su arte. Por un lado la admiración de los clásicos como Rafael que inspiran a Dalí y por otro la búsqueda de nuevas referencias en el arte salvaje y africano de los cubistas. El paso del tiempo demostró sobradamente que ambos fueron trasgresores y que ambos aportaron algo nuevo al panorama artístico. Que para ser moderno no es necesario renunciar a los maestros de la tradición.
Unos ejemplos excepcionales que no es necesario explicar, solo mirar, para apoyar esta conclusión:
Venus de Milo con cajones. Dalí, 1936.
Mona Lisa con bigote. Marcel Duchamp, 1919.
El violín de Ingres. Man Ray, 1924.


