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miércoles, 25 de diciembre de 2013

En un lugar solitario


Todo artista, todo escritor, trata sobre la misma verdad porque no hay muchas fases diferentes de esa verdad y todas han sido dichas ya; pero no es suficiente conformarse con decirlo tan bien como se ha dicho”
William Faulkner


La primera obra de Vila-Matas se publicó en 1973 bajo el título Mujer en el espejo contemplando el paisaje y se reeditó en 2011 como En un lugar solitario, título que el autor siempre consideró como el verdadero. 

La característica principal de la narración es su libertad de forma, ya que no hay ni un solo punto seguido ni aparte en las cincuenta páginas que la componen. Inspirado en la novela de Juan Benet Una meditación, Vila-Matas nos ofrece un monólogo poético en el que la forma predomina sobre una historia en la que el narrador se enfrenta a su pasado familiar.

Es de destacar el hecho de que, puestos a buscar modelos de escritura que sirvieran de inspiración, el modelo elegido sea el más arriesgado del momento y no el más convencional. Una meditación se había publicado cuatro años antes y estaba escrita sin usar ningún punto y aparte, confirmando a Benet como uno de los autores más vanguardistas del momento. 

De todas formas, en aquellos momentos, Benet era un autor inquieto en busca de nuevas formas de expresión que necesitaban el esfuerzo  y la colaboración de un tipo de lector que debía renunciar al papel pasivo que casi siempre se le otorgaba. Es este un estilo cuyas raíces provienen del modernismo de Ulises y de El ruido y la furia y en el que, según Sartre, la prosa se convierte en palabra poética. Estamos hablando de novelas y de novelistas que rompen las formas de narración convencionales: Joyce y Faulkner como ejemplos universales que influyeron en Benet, quién a su vez es la influencia de Vila-Matas. 

Pero la pregunta es ¿Por qué decide Vila-Matas, un escritor sin  apenas experiencia como lector, tomar este modelo para su primera novela? Probablemente por el puro placer de crear, de experimentar, de avanzar: si Benet escribe sin puntos y aparte Vila-Matas va un paso más allá y escribe con una ausencia total de puntos y de puntos y aparte. Todo un reto, una motivación. Además, el hecho de escribir sin pensar en ser leído o incluso publicado le permitió ser más libre para afrontar la experimentación. 

Los lectores de la edición de 2011 de En un lugar solitario cuentan a su favor con el magnífico prólogo escrito por el propio autor y en donde se cuentan muchas cosas, como el proceso que siguió para escribir su texto: "Escritura automática acerca de todo lo que buenamente fuera dictándome la inspiración" y justifica su opción con las palabras de Coetzee ".....es el proceso de escribir propiamente dicho el que permite al autor descubrir lo que quiere decir". Este tipo de proceso sitúa el acto de escribir cercano al jazz, y por tanto también es lógico que en dicho prólogo se señalen las cualidades jazzísticas de Néstor Sánchez como la segunda lectura esencial que Vila-Matas reconoce como influencia.

Sin embargo, lo realmente curioso es que no se cite a Kerouac como referente o al menos como una ligera influencia. Vila-Matas reconoce que en estos momentos de su vida, 1971, apenas tenía experiencia como lector, por lo que seguramente no conocería mucho de  Kerouac ni probablemente de Faulkner ni de todo lo que aportaron a la literatura. Y es que curiosamente, lo que Kerouac aportó a la literatura es gran parte de lo que Vila-Matas reconoce en Juan Benet y Néstor Sánchez, así que nosotros nos atreveríamos a situar a Kerouac como la gran referencia, aunque indirecta e inconsciente, de En un lugar solitario.

Jack Kerouac mecanografió el original de On the Road en un solo párrafo y usando un único rollo continuo de papel ajustado a la máquina de escribir. Es decir, prácticamente lo mismo que hizo Juan Benet unos años después para escribir Una meditación, el libro que, como ya hemos mencionado, es la inspiración primera de Vila-Matas. Al mismo tiempo, Kerouac es precursor de la literatura automática y fue el primer escritor de quien se dijo que escribía en un estilo similar al jazz, comparando su escritura a los solos de Charlile Parker. Recordemos también la forma en que Kerouac escribió Los subterráneos, en un puro estilo jazz, dejando fluir las ideas a medida que iba escribiendo, presentando continuas improvisaciones a partir del teme central del libro. 

En un lugar solitario no es precisamente una gran obra, pero tiene una cosa muy importante a su favor: sea cual sea nuestra valoración sobre el resultado final y sean cuales sean las influencias, estamos ante un autor que ya desde su primer relato afronta el acto creativo desde un punto de vista arriesgado, experimental y que escoge como modelo de aprendizaje novelas nada convencionales situadas en la vanguardia literaria, algo que sin lugar a dudas marcaría su futuro.   

sábado, 26 de mayo de 2012

The Soft Machine / W. Burroughs



Hasta el momento, la práctica totalidad de las imágenes y sonidos de la obra de Mind Revolution han surgido de las lecturas y las conversaciones que, sobre las mismas, han mantenido los miembros del colectivo. El presente artículo es fruto de las reflexiones producidas en nuestro debate en torno a la obra de Burroughs
A lo largo de mi vida me he encontrado con un gran número de obras literarias que desafiaban los cánones establecidos del discurso narrativo habitual, pero de todas ellas hay cuatro que, de una u otra forma, ejercieron un influjo mágico: Ulyses, The Sound and the Fury,  The Soft Machine y Finnegans Wake (aunque esta última la situaría en un nivel diferente).

Son obras cuya lectura no es fácil y que requieren de un lector tremendamente activo y que comparta ciertos conocimientos previos. De todas formas, y a pesar de su dificultad, encuentro en ellas un atractivo irrefrenable que en los últimos tiempos se va acrecentando, lo que me está llevando a relecturas de ciertos fragmentos o, en el caso de The Soft Machine, a una relectura completa.
La consecuencia de todo esto es que veo en estas novelas una vigencia como nunca antes había visto. Hasta ahora se mantenían como monumentos literarios, frutos lógicos de unos tiempos determinados en que fueron publicadas. Alguna de ellas incluso fue prohibida. Sin embargo, nos ofrecen algo completamente diferente: la capacidad para hacernos imaginar y crear en nuestra mente nuevos fragmentos de realidad, nuevas imágenes que nunca antes habían existido hasta que fueron verbalizadas por sus autores. En resumen, nos ofrecen una nueva forma de ver el mundo.En estos momentos somos muchos los que pensamos que el mundo, tal y como hasta ahora lo habíamos conocido, ha desaparecido víctima de los tecnócratas y de una sociedad ávida de avaricia y egoísmo que dejó el poder en manos de los números,  despreciando las palabras y las ideas, los principios.No tengo ninguna duda de que la solución puede volver de la mano de la literatura, del mundo de la cultura y de las ideas, del poder de imaginar nuevos escenarios y nuevas posibilidades. Al fin y al cabo, para que algo sucede lo primero que tenemos que hacer es imaginarlo. Creo que el deber del artista es seguir a la búsqueda de palabras, imágenes y sonidos que establezcan nuevas relaciones con un entorno que vuelva a ser digno para todos, sin excepción. La literatura puede ser un buen punto de partida. Las demás artes deben de seguir ese camino.


William Burroughs, La máquina blanda
William Faulkner, El ruido y la furia
James Joyce, Ulises