lunes, 9 de junio de 2008

El nacimiento de una contracultura. Theodore Roszak
































¿Qué sería del orden sin el caos? ¿Del equilibrio del sistema sin una rebelión de vez en cuando?

El sueño americano de los 50 se vino abajo con los alocados años 60, pero cuesta imaginar la sorpresa y alarma de las familias de clase media que, tras salir de la II Guerra Mundial y empezar a levantar cabeza, descubren un día en sus propios hijos la quiebra de su mundo feliz.

El choque generacional se sucede una y otra vez, hasta para los padres más transgresores y comprensivos. Es ley de vida. Pero hay algo diferente en los míticos 60.

Es difícil decir qué hizo de esta generación la elegida para cambiar el mundo y de dónde sale su fuerza exactamente.


Dice Roszak que “si bien no es la primera vez que los centauros arremeten contra el templo de Apolo”, si es la primera vez que el movimiento no parte de los desheredados o marginados, si no de los hijos privilegiados de la sociedad.

Algunos podrán pensar que esta extravagante contracultura pudo ser en muchos casos un pretexto oportunista para lo licencioso, para el sexo libre y la experimentación con drogas.
Sí es posible que muchos lo vivieran de manera superficial entre teorías Zen y guirnaldas de flores, pero algo más tiene que haber para que una multitud manifestante ante el pentágono se uniera en un éxtasis místico que pretendía hacerlo levitar, como sucedió el 21 de octubre del 67.

Superficiales o no, crearon el ambiente dentro de la cual unos pocos más cualificados pudieron lanzar sus críticas contra la cultura dominante, poniendo en entredicho cuestiones transcendentales como las religiones occidentales como guía espiritual, el estado tecnocrático o la era tecnológica imparable.

El gran legado es, sin duda, el análisis de conciencia, el reconocimiento de que cuando los hombres se expresan ya no hablan del espíritu, el ser o el sentimiento, aspectos que han cedido al éxito, el dinero o el estatus.

La vida de la razón no ha conseguido traernos la felicidad, pero a lo mejor reunirse vistiendo alegres colores en lo alto de una colina para saludar al sol y escuchar alguna canción de Bob Dylan de vez en cuando nos acerca algo más a ella.

PD: La que escribe nació el 2 de mayo del 68 y está de aniversario.

2 comentarios:

Arturo Pérez Navarro dijo...

Felicidades por iniciar un blog, tarea cautivadora, por cierto, a mi no me gustó tanto My Blueberry Nights, Kar Wai es genial y creo que un filme en inglés le restó a la lírica que tienen sus guiones, aunque no deja de ser linda.

Ad astra per aspera dijo...

hola chicos, menos mal que seguís aquí...