lunes, 9 de febrero de 2009

Un hombre en la oscuridad



































El comienzo de Un hombre en la oscuridad es uno de los mejores inicios de Paul Auster. Rápidamente incorpora su habitual estilo de “muñecas rusas” y nos presenta dos historias: la del mundo que rodea al anciano August y la que está creando en su mente con el propósito de evadirse del mundo que lo rodea. Fiel a sus investigaciones sobre la realidad, Auster decide unir las dos. Como siempre, su concepto de realidad abarca también a lo que ocurre dentro de nuestra cabeza.

En la historia que August crea por las noches, una persona aparece en un agujero del que no puede salir. Un rato después alguien le informa de que está en la guerra. Pocas veces se había definido con tan pocas palabras y de una forma tan simple lo que significa la guerra para los civiles:

Pero yo no me he alistado. No me han reclutado.
Pues claro que no. Nadie se alista. Pero así son las cosas. Resulta que estás viviendo tu vida, y de pronto te encuentras metido en la guerra.

Sólo por esta escena merece la pena el libro. La historia promete, pero cuando la unión de las dos historias está apunto de ocurrir, el autor decide terminar con una de ellas de la forma más absurda del mundo, dejándonos completamente confusos y perdidos.

No es la primera vez que Auster deja una historia inconclusa, ya que esto también había ocurrido en La noche del oráculo. ¿Por qué? ¿Porque no sabe como salir del lío en que se había convertido la historia? Owen, protagonista de la historia en sueños, tiene que matar al propio August que es su creador, estamos apunto de asistir a la muerte el autor. El reto es enorme y la resolución muy difícil, pero hacer que Owen Brick muera en medio de la calle de un disparo y de forma repentina no es una solución para un escritor como Auster.

A partir de entonces el libro se convierte en una conversación entre August y su nieta Katya, en la que también aparece su hija Miriam. Durante muchas páginas, la sensación del lector es la de confusión. ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿A dónde nos lleva el autor? No lograba entender nada de nada y se me hacía incomprensible cómo mi escritor favorito había sido capaz de escribir un libro así. Sólo había dos posibilidades: Auster está acabado (quizás necesite un descanso después de tantas novelas) o está proporcionándonos una línea en la que está investigando nuevas forma de entender la novela (iniciada con Viajes en el scriptorum).

Pero sin embargo, aunque todo lo anterior nos desconcierte, siempre encontramos cosas a destacar. En Un hombre en la oscuridad se ofrecen unas reflexiones sobre tres películas: Ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica, La gran ilusión de Rendir y la trilogía de Apu de Satyajit Ray. También hay referencias a cuentos de Tokio de Yasujiro Ozu. En otro nivel se comenta la personalidad y la poesía de Rose Hawthorne y se habla de sexo y de matrimonio. Entre estas ideas También hay una llamada a liberarnos del mundo pasivo, a dejar de ver películas y comentarlas. Tenemos que pasar a ser los directores de las películas de nuestras vidas. Parecía que nos tendríamos que contentar con estos apuntes como lo mejor del libro.

Sin embargo, con lo que ocurre en las últimas páginas, el libro toma otra dimensión totalmente distinta. El final le da sentido a toda la historia y ahora somos capaces de comprenderlo todo: la historia es cortada inesperadamente como lo es la vida de las personas, sin avisar y dejando a quienes la siguen con una sensación de soledad, de no entender por qué ocurren las cosas. El libro es una auténtica denuncia contra las guerras y en especial la de Irak, es la contribución de Auster a una reflexión seria sobre lo que suponen y el drama humano que conllevan. Un hombre en la oscuridad está dedicado a todos aquellos que acusaban a Auster de escribir la misma historia e incluso a fans incondicionales como yo que llegamos a sospechar que nuestro escritor estaba acabado.