domingo, 22 de abril de 2012

Aire de Dylan / Vila-Matas

































No es la primera vez que Vila-Matas hace referencia a Marcel Duchamp. El título Aire de Dylan está directamente tomado de la obra Aire de París de Duchamp. Por eso no es de extrañar que la actitud y el comportamiento de los dos protagonistas, Vilnius Lancastre y Deborah Zimmermann, recuerden no solo a Oblomov, sino también a los dadaístas: siempre retando las formas convencionales y buscando alternativas a esa banalidad en la que se ha convertido el presente cultural.

Las obras de Vila-Matas requieren de un lector que comparta sus mismos códigos y sea conocedor de una determinada literatura, de un determinado cine y de un determinado estilo de música para ser capaz de encontrar la salida en un laberinto de citas, guiños y homenajes (cuando no verdaderas copias) a la historia de la cultural occidental: Nabokov, S Fitzgerald, Kubrik, Wittgenstein, Dylan, J J Cale, Rimbaud o Shakespeare además de los menos evidentes Knut Hamsun o Goncharov. Solo así, sabiendo cual es la verdadera tragedia de Hamlet, podremos embarcarnos en una novela en la que la realidad se mezcla constantemente con la ficción.

¿Cuánto hay de real en la realidad? La literatura no se puede permitir la normas de la realidad, la literatura debe de ser creíble con sus propias reglas, debe de construir un mundo perfecto en el que se permitan hechos como el que dos de los personajes hayan asistido al día del Juicio Final en mayo de 1963. Aire de Dylan es una historia de múltiples universos que juega con la realidad del cerebro, con las ideas de Wittgenstein, con la literatura de Nabokov y con el teatro del silencio de David Lynch.