jueves, 22 de noviembre de 2012

Los problemas de las traducciones IV. Un mundo Feliz
































Esta cuarta entrega de Los problemas de las traduciones nos lleva a Un mundo feliz, una novela que destaca por su absoluta vigencia, lo que no sería tan sorprendente de no ser porque fue publicada en 1932, - ¡¡¡hace 80 años!!! -  y también por el hecho de que entonces era una novela de ciencia ficción. ¿Lo sigue siendo? Sí, por supuesto, pero quizás no en algunos aspectos. Merece la pena recordar unos párrafos:

"Cien repeticiones tres noches por semana, durante cuatro años...sesenta y dos mil cuatrocientas repeticiones crean una verdad. ¡Idiotas!"

"Nosotros tiramos los vestidos viejos. Tirarlos es mejor que remendarlos......existía la obligación de consumir, el consumo obligatorio"

"Había una cosa que se llamaba Pirámides....y un tipo llamado Shakespeare. Claro que ustedes no han oído hablar jamás de estas cosas..... Estas son las ventajas de una educación realmente científica".

"En la actualidad el progreso es tal que los ancianos trabajan, cooperan, no tienen tiempo que puedan llenar con el placer, ni un solo momento para sentarse y pensar".

Las grandes obras artísticas permanecen en el tiempo y son capaces de hacer reflexionar al lector sobre el mundo que le ha tocado vivir, independientemente de la fecha de publicación de la obra.

Siempre se ha hablado de Un mundo feliz como una novela que tenía su principal valor en su contenido, en el hecho de ser una distopía, apareciendo casi siempre en un cuarteto junto a otras tres grandes novelas distópicas: Farenheit 451, We y 1984. Sin embargo, bajo su aparente sencillez esconde una estructura sumamente trabajada: Un mundo feliz está llena de referencias a Shakespeare,  desde el título, tomado de una palabras de Miranda en La tempestad hasta la delicada inclusión en la novela de múltiples citas de sus obras, tantas que incluso Wikipedia le dedica una entrada (en inglés) al tema. Lo vemos AQUÍ.

Sin embargo, lo que hoy nos lleva a hablar de Un mundo feliz es cierto aspecto de su traducción al español, uno de esos casos en que no acabamos de comprender muy bien el papel del traductor.
El título original de la novela es BRAVE NEW WORLD, traducida al español como UN MUNDO FELIZ. El título inglés está tomado de unas frases que aparecen en los capítulo 8, 11 y 15. " 'O brave new world', he repeated, 'O brave new world that has such people in it". Es decir, las palabras de John, uno de los personajes en la obra, coinciden con el título, son exactamente las mismas. Además, hay que destacar una vez más que estas palabras son textuales de las que Miranda menciona en La Tempestad.

Hasta aquí todo bien, pero si leemos la novela en español vemos que su título es Un mundo feliz y las palabras de John son "¡Oh maravilloso nuevo mundo! - repitió- ¡Oh, maravilloso nuevo mundo que alberga tales criaturas".

 ¿Por que en el título se traduce la expresión "Brave New World" como "Un mundo feliz" y en las páginas del libro se traduce como "Maravilloso nuevo mundo"? La pregunta ( y creemos que también las respuesta) está en el aire. De todas formas, si tuviéramos que elegir una de las dos opciones nos quedamos con la segunda. Es cierto que  BRAVE significa VALIENTE, pero en los tiempos de Shakespeare BRAVE significaba ESPLÉNDIDO, MARAVILLOSO, de ahí que todavía digamos BRAVO ante una actuación o un hecho bien realizado.
El traductor es Ramón Hernández para Mondadori, Edhasa y Planeta Agostini.

1 comentario:

X-C dijo...

Yo creo que la traducción correcta, refiriéndose al texto se Shakespeare sería: “Espléndido mundo nuevo”, pero hay que tener en cuenta que la primera traducción española de La tempestad data de 1870 y fue realizada partiendo del texto en frances. La edición francesa de Un mundo feliz se titula Le Meilleur des mondes ("El mejor de los mundos"), una alusión a una expresión utilizada por el filósofo Gottfried Leibniz y satirizado en Candide, ou l'Optimisme de Voltaire (1759); también aparece esta expresión “Le meilleur des mondes” en la traducción francesa de El capital de Karl Marx.